EL VIAJERO. Geografía íntima.

VIAJE A DAME ALGO

Nadie da lo que no tiene.

Ella quería algo, cualquier cosa, no pedía demasiado, quería algo, lo que fuese, pero algo, ella siempre quería algo, quería compartir, quería crear, quería ver su nombre a la entrada de una casa con jardín, quería un libro dedicado, un retrato, una sorpresa, quería algo.

Ella no quería decir adiós, ni dejar una postal en blanco y negro sobre un parabrisas, ni quería un reloj espantoso que decía adiós marcando el tiempo en números negros, ni quería enterarse del adiós al verle de la mano de otra, ni quería escribir una carta llena de reproches, ni quería entregarse a cualquier hombre que rompiese el mito de que a París sólo viajaría con él, ni quería acabar con silencios, ni quería ...

Pero nada encontraba respuesta. Hay personas que no saben dar o personas que tienen miedo a dar, o quién sabe, personas a las que ya no les queda nada que dar.

El viajero quería creer que se le habían quedado las manos vacías después de haberlo dado todo para nada, o un nada que era algo, pero de otro modo que él no acertaba a entender.

Acababa de amanecer, el campo olía a lluvia de verano. Estaba cayendo la tarde, el aire olía a mar. Estaba amaneciendo, el bosque olía a principio de otoño sobre los abetos.

Nadie da lo que no tiene.
 

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